Ubicado en el municipio de Agoncillo (La Rioja), el yacimiento arqueológico de La Atalayuela es uno de los enclaves prehistóricos más relevantes del valle medio del Ebro. Data del Calcolítico, aproximadamente entre los años 2000 y 1500 a.C., y ofrece un testimonio único sobre las comunidades que habitaron el norte de la Península Ibérica durante ese periodo.
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Si bien en la década de los años 60 este importante yacimiento arqueológico ya fue visitado y certificado como por tal, por especialistas de la Universidad de Navarra, fue en el año 1970 cuando se hizo la primera prospección en el terreno. De hecho gran parte de su importancia radica en que fue la primera sepultura que, en estas latitudes, se ofrecía como un enterramiento múltiple, simultáneo y de urgencia fruto, aparentemente, de un hecho inesperado o catastrófico, posiblemente de carácter bélico.
La estructura funeraria consiste en una fosa de forma ovalada irregular, con unas dimensiones de 5 metros de largo, entre 2 y 3 metros de ancho y una profundidad de unos 40-45 cm. Sus paredes se encontraban parcialmente revestidas con lajas de piedra desiguales y el suelo presentaba un nivelado intencionado mediante arcilla compactada. El conjunto estaba originalmente cubierto por un modesto túmulo, lo que refuerza la intención ritual de la construcción. En su interior se exhumaron los restos de entre 70 y 80 individuos, los cuales aparecieron dispuestos en posición fetal y con la cabeza orientada hacia el sur.
El yacimiento funerario de la Atalayuela no es el típico enterramiento calcolítico puesto que, el estudio de los restos materiales cerámicos aparecidos junto a los cuerpos, responden a diferentes estilos que coexisten en el enterramiento, lo que indica una evolución temporal en su uso.
Además de los restos de cerámica, también se recuperaron puntas de flecha, lascas de sílex, instrumentos fabricados en hueso, como una aguja y un botón, y otros elementos fabricados en cobre.
El estudio del yacimiento de la Atalayuela ha contribuido al conocimiento de las tradiciones funerarias y la organización social de las poblaciones prehistóricas del norte de la Península Ibérica y constituye un testimonio fundamental de las costumbres funerarias del Calcolítico en la región, destacando por su riqueza arqueológica y su valor para la reconstrucción de la
historia antigua en el valle del Ebro.